ALTERNATIVA PARA UNA IZQUIERDA SIN RUMBO

ALTERNATIVA PARA UNA IZQUIERDA SIN RUMBO

Cada nueva noticia sobre los partidos políticos que se autoproclaman progresistas desvanece un poco más, si es que no lo ha hecho ya del todo, la esperanza de quienes creemos necesario un cambio en el fondo y en la forma de hacer política en nuestro país.

Tanto el perfectamente medido y programado espectáculo televisivo de Vistalegre, con resultado más imperfecto imposible, como el juego del gato y el ratón con el que nos amenizan los aspirantes a controlar el PSOE, no son más que la prueba de que la izquierda política vive inmersa en su propia autocomplacencia y autodestrucción, en luchas de egos que no llevan a ninguna parte, excepto a consolidar la fuerza de la derecha y, lo más importante, a frustrar las expectativas y las necesidades de quienes de verdad necesitan un cambio de rumbo en el gobierno de España y Europa.

En este momento las fuerzas que debieran ser bandera del progreso presentan ante la opinión pública una imagen nada alentadora: grupos de intereses pugnando por el poder de manera descarada que no dudan en emplear cualquier método para acabar con los que deberían ser sus compañeros de militancia.

La división, el desprecio a la opinión discordante y la imposición de los propios criterios en lugar de la suma hacia un proyecto común, es lo que predomina. Una cultura de alabanza y culto al líder en la que no se admite más opción ni hay más programa que la voluntad de éste, puerta abierta al arribismo de todos aquellos que tengan la suficiente habilidad como para ganarse el favor de las personas adecuadas con independencia de sus ideas, posturas o méritos.

Tanto Podemos como el PSOE coinciden con el resto de partidos en presentar la política ante la sociedad como un juego de élites ensimismadas en sus pugnas internas, sin lectura de la realidad ni presentación de proyectos concretos, derrochando una enorme cantidad de esfuerzo y energía para alcanzar el poder orgánico y consolidarse en él.

Pero esto no es más que una historia que se repite, un bucle que parece condenado a no romperse.

Podemos ha resumido la historia de los últimos tiempos del PSOE en unos pocos meses, evidenciando que más allá de las buenas intenciones de su discurso está la ambición personal de sus consolidados líderes. Y en el caso del PSOE, los acontecimientos más recientes evidencian la total pérdida de ideología de un partido convertido en una organización de familias de subtecnócratas en las que no se atisba ningún vínculo con la realidad ciudadana. Ambos, incapaces de asumir y gestionar en su fuero interno la cultura de la pluralidad, que tanto predican para la sociedad, ponen al desnudo su incapacidad y se muestran superados para la ardua tarea de reconstruir el Estado social y democrático de Derecho que está siendo demolido un día detrás de otro.

Ante este panorama tan sombrío, con las fuerzas de progreso rotas y separadas por la ambición de unos líderes, o aspirantes a serlo, que no están a la altura de la responsabilidad que tienen encomendada por el cuerpo electoral, urge un cambio de mentalidad y de protagonistas.

Es imprescindible dar prioridad a las necesidades de la ciudadanía, en especial de la más desfavorecida -social, económica y culturalmente- por encima de los egos y las ambiciones, y tomar el camino de un acuerdo responsable entre las fuerzas de progreso que ponga fin a las políticas retrógradas del PP.

La prometida nueva etapa que nos auguraban la gestora del PSOE y los involucionados Ciudadanos invistiendo nuevamente a Rajoy, nos está llevando en realidad a una situación agónica para las instituciones democráticas, con un más de lo mismo, en un suma y sigue desalentador en el que las políticas desarrolladas por el PP no tienen visos de poder llegar a modificarse en ningún momento.

No negamos la frescura que los nuevos partidos introdujeron en la política española tomando el lenguaje y las reivindicaciones de la calle emanadas del Movimiento 15M, lo que reprochamos es que hayan sido contaminados por los vientos viciados de los viejos partidos.

En nuestra reflexión, destacamos como explicación que estas nuevas formaciones, al igual que las ancestrales, nacieron desde sus cúpulas, sin control político y social por sus bases y menos por la ciudadanía, lo que ha propiciado desde caprichosos bandazos ulteriores incumpliendo sus promesas electorales a deplorables guerras internas desarrolladas entre sus dirigentes.

La impotencia y decepción del cuerpo electoral, que asiste a tan bochornoso espectáculo como mero observador, sin herramientas para modificarlo y sin esperanza que se lleguen a asumir algún tipo de responsabilidades políticas, es cada vez mayor e impone para el futuro inmediato nuevas fórmulas de hacer política realmente ética y participativa.

Por ello, llamamos a la responsabilidad de las bases de los partidos de izquierda para que rompan la dinámica de sus dirigentes, incapaces de conseguir una alianza para la elaboración de un programa común de gobierno de regeneración democrática y social, antes que la ciudadanía responsable se pase ya, definitivamente, a la abstención y acabe con esta situación mandándolos a la irrelevancia electoral.

Corre prisa alcanzar acuerdos que den paso, sin personalismos, sectarismos ni vetos, a una alternativa electoral unitaria, real y democrática de Gobierno.

Requerimos una alternativa electoral nacida desde la articulación y vertebración de la sociedad civil con vocación de mayoría y unidad transversal entre la izquierda y el progresismo con el objetivo de hacer posible la formación de un nuevo y distinto Gobierno y desarrollar un programa regeneracionista ilusionante, de restitución de los principios y valores democráticos perdidos, reactivación económica y atención a la emergencia social, que acabe con la actual coyuntura de mediocridad, de descomposición institucional y de desamparo en la que nos tienen sumidos, convirtiendo de nuevo la indignación en fuente inagotable de movilizaciones e iniciativas.

Adelante, siempre adelante. No más pasos atrás.

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